martes, 15 de abril de 2014

Capítulo 5



Asunción de Noche
(quinta parte)

Asunción mudó de una piel pacífica a otra nueva, diferente y peligrosa. El humo se disipó y el sol del amanecer resbaló por las paredes del Palacio de Gobierno, se paseó por la calle desierta dónde un caballo se aproximaba a ella, el jinete vestía un tipo de uniforme militar y cuando sus botas negras tocaron el suelo, un viento gélido arrastró por la bahía un montón de papeles manchados con tres letras: Vencer o Morir. Emilia levantó la vista y sólo entonces notó que el caballo carecía de cabeza, la sangre brotaba constantemente de las arterias desnudas. El jinete barbudo se arrodilló ante ella y con sable en mano afirmó en tono desafiante “Moriré con mi patria… ¿por quién morirás hoy?”    

“¿Quién eres?” preguntó una voz en su consciencia. 

“Soy Alicia… Alicia en el país de las Maravillas.” 

“No tengo que morir hoy” respondió convencida de sus mentiras, el hombre se atravesó el pecho con el sable arrancándose el corazón en el proceso, sus manos temblorosas le alcanzaron el órgano a la muchacha y señaló su Palacio antes de desplomarse en el suelo. Una larga tela roja caía desde la terraza, la cola del vestido de una mujer con la mitad del rostro cubierto con una máscara de metal bailaba en el viento, el lugar dónde debería tener ojos estaba sellado con piel pálida, casi transparente. La Reina Roja, la Reina del Paraguay señaló el cielo con un dedo y una lluvia de pedazos de vidrios cayó sobre la bahía, lastimando a Emilia. Una multitud de personas aparecieron corriendo en diferentes direcciones pero ninguna reparó en ella.

“¿Quién eres?” 

“Soy Alicia…. No… Emilia…. soy Emilia en el país de las Maravillas.”  

Una figura alta de cabellos blancos se detuvo frente a ella y le arrebató el corazón de las manos, los vidrios del cielo no hacían efecto en él. ¿Quién eres? preguntó una vez más y se vio a sí misma en brazos del mesero del café, la llevaba entre la alborotada multitud hasta que se perdieron en una calle del centro de la ciudad. El dolor empezó a dominar sus sentidos y cerró los ojos buscando alivio. Cuando los volvió a abrir estaba acostada en una habitación desconocida, un hombre de cabellos blancos la vigilaba sentado a sus pies y la cabeza le daba vueltas. Su mirada era perturbadora, quiso gritar pero una fuerza la detenía, una fuerza exterior parecía controlar su cuerpo. El cuerpo de la Reina de rojo pesaba sobre el suyo y sus uñas se clavaron en sus hombros, un líquido oscuro empezó a emanar de la máscara de hierro oxidada, tomó la mano de una confundida Emilia y la condujo entre sus piernas sobre el vestido rojo. 

El hombre de blanco miraba impasible la extraña escena, un espeluznante alarido escapó de la máscara de la Reina mientras movía la mano de Alicia y ella también gritó. Una mano la sacudió y el leve acento italiano del mesero la devolvió a la realidad, la sala del hospital de Emergencias Médicas olía a sangre, alcohol y desinfectante. Un médico cosía la herida sangrante de una persona en la camilla contigua, los llantos de una mujer llegaron a ellos desde el pasillo y al mismo tiempo una camilla ingresó a la sala con un joven inconsciente en ella. 

“Los cuerpos de las víctimas serán retirados del Teatro Municipal después de la inspección forense, mientras tanto continúan los disturbios frente al Palacio de López, varias personas ya fueron trasladadas a Emergencias Médicas y el secretario de la Presidencia se hizo presente en el lugar con el principal militante del partido oficialista; el ganadero Emilio González….” 

“Necesitaste unos cuantos puntos en el brazo, el doctor dijo que debes estar en observación por esta madrugada y probablemente te dejarán ir por la mañana.” explicó Giovanni como si su compañía fuera algo normal. 

“¡Doctor! ¡Doctor!.” gritó Emilia decidida a deshacerse del mesero de una vez.

“No me obligues, Emilia” amenazó con el puño cerrado. 

“¡Dejá de pegarme! Voy a llamar a la policía y los doctores…..”

“¡¿Y qué?! Sos una pobre estúpida con problemas mentales, todos están muy ocupados con el desastre en el Teatro para prestarte atención. Ya te dije que no voy a matarte…. Pero es peligroso andar sola por ahí, ellos te vieron, era el plan perfecto hasta que apareciste.” 

“¿Plan? ¿Quiénes son ellos?.... ¿Quién sos?” preguntó y escenas de sus pesadillas se mezclaban en su cabeza. 

“Yo sólo soy el mesero del café dónde te gusta leer Alicia en el país de las Maravillas” respondió y dirigió la mirada a la pantalla del televisor dónde pasaban las últimas noticias.

Las puertas de la sala se abrieron, el hombre de largos cabellos blancos entró, una enfermera se acercó a él pidiéndole que se marchara pero él la ignoró y continuó su camino, varios doctores se alarmaron por la inquietante presencia del extraño. Otra enfermera se dirigió a él pero se detuvo cuando tres perros negros de gran tamaño ingresaron a la sala, sus filosos colmillos intimidaron a los presentes y antes de que empezaran a correr, el hombre de blanco levantó dos dedos a la altura de sus ojos negros y las personas se detuvieron, congeladas en su propio tiempo.  

“Bienvenida al país de las maravillas…. Emilia”

La votación será habilitada en poco tiempo, gracias por leer ----->


         
                                                                                             

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