Asunción de Noche
(quinta parte)
Asunción
mudó de una piel pacífica a otra nueva, diferente y peligrosa. El humo se
disipó y el sol del amanecer resbaló por las paredes del Palacio de Gobierno,
se paseó por la calle desierta dónde un caballo se aproximaba a ella, el jinete
vestía un tipo de uniforme militar y cuando sus botas negras tocaron el suelo,
un viento gélido arrastró por la bahía un montón de papeles manchados con tres
letras: Vencer o Morir. Emilia
levantó la vista y sólo entonces notó que el caballo carecía de cabeza, la
sangre brotaba constantemente de las arterias desnudas. El jinete barbudo se
arrodilló ante ella y con sable en mano afirmó en tono desafiante “Moriré con
mi patria… ¿por quién morirás hoy?”
“¿Quién eres?” preguntó una voz en su
consciencia.
“Soy Alicia… Alicia en el país de las
Maravillas.”
“No
tengo que morir hoy” respondió convencida de sus mentiras, el hombre se
atravesó el pecho con el sable arrancándose el corazón en el proceso, sus manos
temblorosas le alcanzaron el órgano a la muchacha y señaló su Palacio antes de
desplomarse en el suelo. Una larga tela roja caía desde la terraza, la cola del
vestido de una mujer con la mitad del rostro cubierto con una máscara de metal
bailaba en el viento, el lugar dónde debería tener ojos estaba sellado con piel
pálida, casi transparente. La Reina Roja, la Reina del Paraguay señaló el cielo
con un dedo y una lluvia de pedazos de vidrios cayó sobre la bahía, lastimando
a Emilia. Una multitud de personas aparecieron corriendo en diferentes
direcciones pero ninguna reparó en ella.
“¿Quién eres?”
“Soy Alicia…. No… Emilia…. soy Emilia en
el país de las Maravillas.”
Una
figura alta de cabellos blancos se detuvo frente a ella y le arrebató el
corazón de las manos, los vidrios del cielo no hacían efecto en él. ¿Quién
eres? preguntó una vez más y se vio a sí misma en brazos del mesero del café,
la llevaba entre la alborotada multitud hasta que se perdieron en una calle del
centro de la ciudad. El dolor empezó a dominar sus sentidos y cerró los ojos
buscando alivio. Cuando los volvió a abrir estaba acostada en una habitación
desconocida, un hombre de cabellos blancos la vigilaba sentado a sus pies y la
cabeza le daba vueltas. Su mirada era perturbadora, quiso gritar pero una
fuerza la detenía, una fuerza exterior parecía controlar su cuerpo. El cuerpo
de la Reina de rojo pesaba sobre el suyo y sus uñas se clavaron en sus hombros,
un líquido oscuro empezó a emanar de la máscara de hierro oxidada, tomó la mano
de una confundida Emilia y la condujo entre sus piernas sobre el vestido rojo.
El
hombre de blanco miraba impasible la extraña escena, un espeluznante alarido
escapó de la máscara de la Reina mientras movía la mano de Alicia y ella también
gritó. Una mano la sacudió y el leve acento italiano del mesero la devolvió a
la realidad, la sala del hospital de Emergencias Médicas olía a sangre, alcohol
y desinfectante. Un médico cosía la herida sangrante de una persona en la
camilla contigua, los llantos de una mujer llegaron a ellos desde el pasillo y
al mismo tiempo una camilla ingresó a la sala con un joven inconsciente en
ella.
“Los cuerpos de las víctimas serán
retirados del Teatro Municipal después de la inspección forense, mientras tanto
continúan los disturbios frente al Palacio de López, varias personas ya fueron trasladadas
a Emergencias Médicas y el secretario de la Presidencia se hizo presente en el
lugar con el principal militante del partido oficialista; el ganadero Emilio
González….”
“Necesitaste
unos cuantos puntos en el brazo, el doctor dijo que debes estar en observación
por esta madrugada y probablemente te dejarán ir por la mañana.” explicó Giovanni
como si su compañía fuera algo normal.
“¡Doctor!
¡Doctor!.” gritó Emilia decidida a deshacerse del mesero de una vez.
“No
me obligues, Emilia” amenazó con el puño cerrado.
“¡Dejá
de pegarme! Voy a llamar a la policía y los doctores…..”
“¡¿Y
qué?! Sos una pobre estúpida con problemas mentales, todos están muy ocupados
con el desastre en el Teatro para prestarte atención. Ya te dije que no voy a
matarte…. Pero es peligroso andar sola por ahí, ellos te vieron, era el plan
perfecto hasta que apareciste.”
“¿Plan?
¿Quiénes son ellos?.... ¿Quién sos?” preguntó y escenas de sus pesadillas se
mezclaban en su cabeza.
“Yo
sólo soy el mesero del café dónde te gusta leer Alicia en el país de las Maravillas” respondió y dirigió la mirada
a la pantalla del televisor dónde pasaban las últimas noticias.
Las
puertas de la sala se abrieron, el hombre de largos cabellos blancos entró, una
enfermera se acercó a él pidiéndole que se marchara pero él la ignoró y
continuó su camino, varios doctores se alarmaron por la inquietante presencia
del extraño. Otra enfermera se dirigió a él pero se detuvo cuando tres perros
negros de gran tamaño ingresaron a la sala, sus filosos colmillos intimidaron a
los presentes y antes de que empezaran a correr, el hombre de blanco levantó
dos dedos a la altura de sus ojos negros y las personas se detuvieron,
congeladas en su propio tiempo.
“Bienvenida
al país de las maravillas…. Emilia”
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