Asunción de Noche
(tercera parte)
La
camioneta se marchó y los bocinazos fueron reemplazados por sirenas, la policía
o los bomberos o ambos estaban en camino y el último deseo de Giovanni era ser
parte de una investigación criminal. Tomó a Emilia del brazo pero
la muchacha lo golpeó con la petaca de caña y empezó a correr en dirección a la
costa de la ciudad de Asunción, él la siguió por inercia y miedo a las sirenas
que se acercaban al teatro.
“¡Emilia!, ¡escucháme!”
gritó el mesero intentando alcanzarla pero ella avanzaba velozmente por las
oscuras calles de la ciudad.
“¡Dejáme en paz!, ¡dejáme!”
exclamó la muchacha sin detenerse, no confiaba en un extraño que conocía su
nombre.
Por un momento le permitió adelantarse
por la calle en dirección hacia el Palacio de López y el cansancio lo dejó sin aliento, si la
perdía de vista significaría más problemas para él. Aflojó la corbata de su
traje, revisó los alrededores en busca de potenciales testigos pero la única
persona sospechosa era él. Continuó su camino más tranquilo porque el sonido de
las sirenas lo ponían nervioso, nada salió como esperaba, sus planes nunca
funcionaban y en cualquier momento alguien aparecería entre las sombras para
matarlo.
Llegó hasta la costanera de
Asunción dónde pequeños grupos de personas se reunían para disfrutar de la
calurosa noche de verano, algunos se marchaban y entre ellos descubrió a Emilia
hablando con un oficial de policía. Lloraba y lo apuntó con el dedo cuando lo
vio acercándose a ellos, él decidió mantener la tranquilidad, solucionaría el
problema como siempre solucionaba todo; hablando con cortesía.
“¡Es él! ¡Me está
persiguiendo desde el Teatro… un hombre me pegó y luego una mujer le disparó….
Entonces se fueron en una camioneta gris y él me persiguió…” explicaba Emilia
entre sollozos.
“¡Emilia!.... Oficial
disculpe la molestia, ella está un poco alterada…. Tuvimos una discusión…. Ella
tiene…. problemas.” dijo el mesero
tranquilamente.
“¿La conoce?” preguntó el
oficial con desconfianza.
“Sí… intento ayudarla con sus….
problemas…. pero es complicado,
oficial…. En este país las personas con desórdenes mentales pasan por momentos
difíciles en el camino de la recuperación.” afirmó Giovanni convencido de sus
palabras.
“¡No estoy loca!, ¡no es
cierto… no me conoce… él quiere matarme!” gritó Emilia y golpeó al mesero con
la petaca de caña que aún llevaba en la mano.
“Señorita, tranquila nomás… ¿cuál
es su nombre? Y voy a necesitar su cédula, una prueba de alcotest…”
“¡¿Prueba de alcotest?! Eso
no es mío…. Uno de los hombres del teatro me lo dio…. Tenés que creerme….” suplicó
la muchacha desesperada.
“Emilia… Emilia, tranquila…
voy a llevarte a casa, dejáme hablar con el policía y voy a solucionar todo.” afirmó
Giovanni rodeándola con sus brazos pero ella lo empujó.
“¡No me toques! ¡mentira!
¡no sabés quién soy, no me conocés! ¡imbécil!” exclamó con rabia y empezó a
correr nuevamente.
“…..
se necesitan refuerzos en el Teatro Municipal Ignacio A. Pane de Asunción….
Todas las patrullas… código…” repetía la radio de la patrulla de
policía, uno de los oficiales contestó y el otro se quedó hablando con
Giovanni.
“Esquizofrenia…. es un
verdadero problema, no es la primera vez que pasa.... ¿necesita algo más de mí?…”
preguntó el mesero vigilando a la muchacha.
“No…. Tenemos que atender
una emergencia…” respondió el oficial y subió a la camioneta
apresuradamente.
El mesero la encontró
sentada en uno de los bancos de la playa, la tomó del brazo violentamente y se
sentó a su lado, ella seguía llorando, intentó escapar pero él la golpeó en el
rostro y la rodeó con sus brazos. Se mantuvieron unos minutos así y la muchacha
dejó de luchar, rindiéndose a un destino incierto.
"¿Vas a matarme?” preguntó
Emilia asustada.
“No…. Ya murieron
suficientes personas esta noche” contestó Giovanni acariciando el rostro de la
muchacha con suavidad.
“¿Por qué me perseguís
entonces?” insistió y el mesero la soltó lentamente.
“Todas las noches te sirvo
en el café la misma taza de expreso y todas las noches leés el mismo libro…. Alicia en el país de las maravillas” comentó
recordando el vulgar trabajo al cual se dedicaba.
“¿Y qué? Yo no estoy loca…. dejáme
ir y no voy a decir nada, no voy a hablar con la policía, nada” aseguró recordando
los últimos sucesos de esa noche.
“Todos estamos locos…. quiero
que te quedes conmigo Emilia…. por favor. Yo no voy a lastimarte pero hay gente
allá afuera que sí va a intentarlo. Estuviste en el lugar equivocado, en el
momento equivocado.” explicó y revisó la herida en el brazo de la muchacha,
todavía sangraba y unos pedazos de cristal seguían enterrados en su carne.
“Algo pasó en el Teatro, algo malo. ¿Vos sabés
lo que pasó adentro?” inquirió olvidándose de su delicada situación, el cristal
de las ventanas y puertas había estallado cuando ella pasaba frente al teatro
pero… ¿Por qué no escuchó ninguna explosión?.
“No sé…. es mejor así, la
ignorancia va a salvarnos esta noche, pero mañana… mañana es otra historia.”
Giovanni limpió la herida de
Emilia con caña y le aseguró que irían al hospital por la mañana, por supuesto
ella planeaba escapar antes, esperó mientras las horas de la madrugaba corrían
y la luna la juzgaba desde el horizonte pero él no se durmió. Una serie de explosiones
y el sonido de las sirenas se intensificaron quebrando el silencio de la
oscuridad, desde el banco en la playa divisaron el movimiento de camiones
militares rodeando el Palacio de López. Asunción despertó antes del amanecer, un
monstruo sentó sus raíces en el centro de la madre de ciudades y Emilia no se
imaginaba que sus tentáculos la alcanzarían.
“Viernes
negro, sin duda.... Cerca de mil personas fallecieron esta noche por causas,
todavía desconocidas, en el Teatro Municipal Ignacio A. Pane de Asunción. Entre
las víctimas fatales de este suceso se encuentra el Presidente de la República
Humberto Costas, varios senadores y diputados por identificar, nos acaban de
pasar el dato que en el lugar también se encontraba el famoso ingeniero Jorge Borjas….
la policía, bomberos y gente de criminalística se encuentra investigando en el
lugar, un hecho siniestro de proporciones inexplicables azotó a nuestro país…”