Payé
8
(última parte)
La bala santificada viajó a
gran velocidad desde atrás del coche estacionado en la vereda hasta el pecho
del hombre de rodillas frente al Teatro Municipal. La mano salvadora de Emilio
González provocó la consternación de los presentes cuando apretó el gatillo del
arma. La víctima cayó sobre los pedazos de vidrio que quedaron del ventanal del
edificio. El sonido del disparo todavía retumbaba en los oídos de Martín cuando
lo tomaron del brazo y lo arrastraron a una camioneta plateada.
- ¡Jaha!- dijo Emilio y
arrancó la camioneta sin esperar comentarios de parte del muchacho.
- ¿Omanó?- preguntó Martín y
notó que sus manos temblaban.
- Más vale… ese infeliz no
me avisó que algo más iba a pasar. La policía de mierda iba a llegar en
cualquier momento.
- ¿Qué vamos a hacer?
- Vos vas a volver a tu
casa, te duchás, comés un pedazo de pan y te acostás a dormir porque mañana a
las siete de la mañana empezás a trabajar. Tomá este celular, vas a usar para
comunicarte conmigo y cuestiones de trabajo, nada más. ¿Escuchaste?
- Bueno- asintió Martín con
el aparato en la mano, su estómago daba vueltas pero el hambre no era la razón
de su malestar.
- Y yo…. Yo voy a averiguar
qué carajos pasó en ese Teatro. Tomá para el colectivo, acá te bajás porque
tengo cosas que hacer. Mañana a las siete de la mañana y te voy a dar ropa
decente también.
Apenas el muchacho puso un
pie afuera de la camioneta, él continuó su camino. La explosión en el Municipal
no fue un accidente, sus entrañas le aseguraban que un gato estaba encerrado. Se
detuvo en un semáforo en rojo en la Avenida Eusebio Ayala cuando su teléfono
celular sonó. Intrigado por la llamada, contestó y decidió hablar con precaución teniendo en
cuenta sus recientes acciones.
- Emilio… Humberto está muerto, che ra’a.
Están todos muertos- informó una preocupada voz del otro lado del teléfono- El
secretario está en el Palacio de López, no saben qué hacer, el Presidente del
Congreso está en la lista de fiambres también. Nos fuimos a la mierda.
- Bueno… voy para allá,
tranquilo nomás- contestó al presidente del Partido Rojo.
“Un
líder verdadero es aquel que nace en tiempos de caos…” Ese
extraño sujeto sabía sobre los sucesos ocurridos esa noche porque el caos nació
en el Teatro Municipal. Sin embargo aún quedaba una incógnita, ¿quién es el
líder verdadero? La anarquía amenazaba al país y la sombra de un pasado de guerras cubrió el sol del amanecer.