domingo, 11 de mayo de 2014

Capítulo 8



Payé
(Primera parte)

La yuyera aplastaba las hierbas refrescantes sin prisa alguna, y la paciencia de Emilio se desvanecía con cada gota de sudor que resbalaba por su frente, el sol de las dos de la tarde quemaba todas sus neuronas y sobre todo, su escasa paciencia. ¡Permiso! gritó un apurado carretillero, la calle Pettirossi del Mercado 4 era un infierno de autos, colectivos y gente pululando como moscas alrededor de un cadáver putrefacto.

- Tranquilo, che patrón. Menta’i ha’e* la solución para todo- dijo la yuyera en una mezcla de español y guaraní, con cada golpe del mortero gotas de agua salpicaban su delantal floreado y algunas veces salpicó el elegante traje de Emilio.  

- Menta’i no va a solucionar un carajo- afirmó amargamente y encendió un cigarrillo, en sus cuarenta años de vida ya había fumado veinte sin consecuencias y seguiría haciéndolo mientras viva en una ciudad agobiante como Asunción.

- Azafrán tenés que poner en tu tereré, así un puñito- aconsejó con una molestosa sonrisa, golpeó los yuyos una última vez en el mortero y un líquido verde se pegó a la camisa del hombre. 

Emilio le dirigió una mirada penetrante y se guardó las ganas de golpearla, uno de estos días lidiaría con esa «vieja de mierda» como acostumbraba llamarla, se profesaban un odio mutuo pero ninguno podía tomar cartas definitivas en el asunto. Él simplemente manejaba hasta el Mercado 4 y puntualmente a las dos de la tarde compraba sus yuyos para el tereré o el mate, a veces los usaba y otras veces los guardaba en la guantera del auto, lo importante era llegar hasta el puesto de Ña Ñeca religiosamente todas las semanas. 

- **Palo Santo nde pope ha’e la solución definitiva. Nde aña memby reikoa- maldijo entre dientes pero el oído de Emilio González estaba entrenado para escuchar sus maltratos.

- Gracias, Ña Ñeca- se despidió y cruzó la calle sin mirar. 

Caminó entre los puestos de ropas, discos falsos y electrodomésticos baratos, su imagen de ejecutivo resaltaba en la multitud pero los vendedores lo veían siempre siguiendo la misma rutina, varios rumores corrían de sus actividades pero la verdad sólo él la conocía. Dobló en una esquina y bajó dos cuadras hasta una casa de portón oscuro, tocó el timbre y una mujer atractiva de cabellos rubios abrió la puerta, sonrió al verlo y corrió a abrazarlo pero él la detuvo. 

- Adentro- ordenó fríamente. 

- ¿Dónde dejaste el auto?- preguntó la mujer que vestía uniforme de secretaria, desprendió los botones de su camisa al entrar a la casa. 

- No importa, yo arreglo esas cosas- aseguró Emilio y la siguió hasta el comedor. 

Inesperadamente la empujó sobre la mesa y paseó sus manos entre sus piernas, rasgó la falda y con la otra mano sostenía su cuello evitando sus besos, la mujer esperaba ansiosa ese momento glorioso de tenerlo dentro de ella. La penetró con violencia, sin cuidado ni amor alguno, un objeto dentro de otro, un gemido escapó de su boca y él aceleró sus movimientos. 

A medida que el placer la hacía temblar, la mano se cerraba alrededor de su cuello con más fuerza, volvió a gritar y cuando Emilio abrió los ojos se encontraban completamente blancos, al mismo tiempo la contagió y perdió la consciencia en un mar de sensaciones. Un universo dónde existía su cuerpo y cada célula de él diseñada para sentir su piel como si fuera nueva. 

La mesa del comedor bailaba con ellos y los yuyos de ***Ña Ñeca terminaron en el suelo, la mujer solo recordaría las impresiones del momento, la calidez de su piel y el poder de los golpes en su interior. La criatura frente a ella buscaba saciar sus necesidades animales, y éste era un animal egoísta impulsado por una fuerza sobrenatural. Emilio escuchó el aullido de un perro en las cercanías y la comunicación entre los dos amantes se cortó, sus pupilas se pintaron de su acostumbrado color y ella produjo un último gemido. 

- No puedo quedarme… seguro que esa vieja de mierda tiene algo que ver- murmuró para sí y subió la cremallera de su pantalón. 

- Sabés que Emilia llega tarde todas las noches. Ella no es ninguna molestia- dijo la mujer todavía sentada sobre la mesa. 

- No es Emilia, son otras cosas. Otras cosas de mierda- afirmó acercándose a la mujer. 

- Esa política de mierda… ¿eso verdad?- preguntó con una sonrisa. 

- Sí…. La política, ese partido se va al diablo sin mi plata. Pero eso no es lo único…. Tengo que irme- dijo pensativo y acarició las piernas de la mujer una última vez. 

- ¿Vas a venir esta noche o mañana?

- No sé, depende de cómo van las cosas esta noche pero seguramente voy a venir mañana. No hay forma que pase un día sin verte- aseguró y abrió la puerta de la casa para marcharse, dejó a la bella mujer sentada en la mesa del comedor. 

La mujer intentaba arreglar su pollera rasgada cuando escuchó unos golpes en la puerta, corrió a abrirla con la ilusión de encontrar a Emilio pero un hombre joven de cabellos blancos le sonrió, le llamó la atención los guantes blancos que cubrían sus manos. Estaba a punto de preguntar quién era cuando un agudo dolor se expandió en su cabeza. Lo último que vio antes de desmayarse fue el hermoso rostro del joven extraño. 

*Menta'i: remedio refrescante. Tranquilo, mi patrón.Menta'i es la solución para todo.
 
**Palo santo en tu mano es la solución definitiva. Maldito que anda.

***Doña