domingo, 6 de abril de 2014

Capítulo 4



Asunción de Noche
(cuarta parte)

La radio de un recolector de plásticos les entregaba la primicia de la madrugada y ella aprovechó el momento de distracción para comenzar una nueva carrera hacia el Palacio de López, corrió sin respirar hasta que algo explotó cerca de ella. Dulce escarlata y el mundo se nubló por un segundo, sabor a tierra, olor a miedo y volvió a caer esa noche, otras dos ensordecedoras explosiones la rodearon pero siguió corriendo. La calle frente al Palacio de López era un hervidero de personas con pancartas y piedras en las manos, algunos golpeaban a los oficiales de policía y los militares protegían la entrada al Palacio formando una pared humana, dos hileras de hombres rodeaban el jardín trasero.   

“Los partidos oficialistas responsabilizan al grupo armado Vencer o Morir por la tragedia ocurrida en el Teatro Municipal esta noche, por supuesto los bloques socialistas y simpatizantes del Presidente de la República asesinado han salido a las calles a defender sus posturas desatando un enfrentamiento frente al Palacio de López….” reportaba una periodista desde el lugar de los hechos. 

“¡Golpe de estado! ¡Esto es un golpe de estado, mataron a nuestro querido presidente añamemby! ¡Mba’e grupo guerrillero, esos tekoreí del partido socialista tienen la culpa! ¡Ellos mataron a nuestro presidente!” interrumpió una mujer conmocionada por la noticia. 

La madrugada se inició sangrienta, Emilia deambulaba entre hombres y mujeres clamando por un cambio en el gobierno, uno de ellos la golpeó con un palo de madera con el fin de abrirse paso entre la multitud enfurecida. Ella ignoró el dolor y continuó la odisea de intentar salir con vida del lugar, entonces lo distinguió sentado tranquilamente en la vereda, fumaba un cigarro y le hizo una seña invitándola a acercarse.

“¡Sacáme de acá! ¡Ayudáme!” gritó la muchacha buscando una salida de la manifestación desesperadamente.   

“La policía cerró las calles del centro, nadie puede entrar ni salir a menos que quieras dar un paseo por la comisaría.” explicó y soltó una bocanada de humo por la boca. 

“¿Qué carajo está pasando? ¿Cómo empezó este desastre?” preguntó y se tapó los oídos cuando escuchó el estruendo de fuegos artificiales que eran utilizados como armas por los manifestantes. 

“El país se fue a la mierda esta noche, Emilia. ¿No escuchaste? El presidente está muerto, el presidente del senado también, nadie sabe que pasó y nadie sabe a quién culpar.” dijo el hombre trajeado de cabellos largos, se levantó y vigiló a un casco azul que golpeaba a un hombre cerca de ellos. 

“¡No me importa! Quiero salir de acá….” insistió Emilia y un olor a pólvora le provocó un ataque de tos.
“¡Emilia! ¡Emilia!” gritó una voz espantosamente conocida. El mesero del café se abría paso entre los manifestantes, camino a ella. 

Repentinamente un humo extraño cubrió el paisaje y el relinchar de unos caballos se sumó a la sinfonía de sonidos de la violenta madrugada, la policía montada lanzó gases lacrimógenos para dispersar a las personas y los ojos de Emilia se llenaron de lágrimas, la picazón en su rostro y garganta la volvieron un blanco fácil para cualquiera, incluso para Giovanni. Éste último la tomó del brazo y la condujo hacia una calle alejada del tumulto, la obligó a recostarse contra la pared y con su elegante saco sopló para darle aire limpio de químicos.

“¡Dejáme…. ¡No quiero nada de vos!” la muchacha apartó de su lado de un golpe a Giovanni. 

“¡Estúpida! ¡Pará de correr de mí! ¡No entendés nada, te quiero ayudar…. Sos una estúpida!” respondió el mesero y le dio una bofetada en el rostro, el golpe la empujó contra la pared y perdió la conciencia. “Te voy a llevar al hospital….” aseguró aunque nadie lo escuchaba. 

Nota de Autor: NO SE OLVIDEN DE VOTAR POR LA CONTINUACIÓN, GRACIAS POR LEER  ------> 

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