Payé
(segunda parte)
Oyó el aullido de un perro una segunda vez, en un viernes
como ése el aullido era suficiente para ponerlo nervioso. Apretó el paso y
abrió una caja nueva de cigarrillos, la segunda y la siesta apenas empezaba. Su
camioneta plateada lo esperaba debajo de un árbol de mango a tres cuadras de la
casa de portón oscuro, sin embargo el camino le parecía más largo esta vez. Los
aullidos cesaron pero el silencio escondía una amenaza, un enemigo ansioso por
tragarlo y siendo un empresario influyente, sus enemigos sobraban.
El humo del cigarrillo se disipó a su alrededor y se
detuvo, una enorme criatura con aparente forma de perro lo esperaba unos metros
adelante, gruñía cerca de su camioneta, un olor nauseabundo le indicó que debía
correr. Sus piernas no respondían y cuando volteó para huir un hombre lo golpeó
en el rostro, el cigarrillo cayó al suelo y su nariz empezó a sangrar.
- ¿Para dónde con tanta
prisa?- preguntó el hombre con voz ronca, vestía un saco largo a pesar del
calor de cuarenta grados, sus pantalones estaban rasgados en varias partes y no
traía zapatos.
- ¡Qué podrido me tienen
todos ustedes!- exclamó el empresario palpando su nariz lastimada.
-Nde argel che ra’a*… No me
olvido yo de estas cosas- dijo y por un momento sus colmillos parecían más
largos y filosos.
-Ya te dije yo no mato
gente… pero puedo pagar para que le maten, la plata soluciona todo en este
país- explicó Emilio nervioso.
-Plata…. Plata… Plata…- sin
previo aviso perforó su estómago con sus uñas que se transformaron en garras-
Plata es un pedazo de papel, un montón de porquería que emboba a la gente
pelotuda pero nosotros somos otra clase de pelotudos… no me vengas a hacerte
del chuchi ahora. Esteban omanóta** esta noche.
-¿Dónde?– preguntó entre
gemidos de dolor, el hombre retorcía sus tripas con sus manos y la sangre
turbia manchó su costoso traje- ¡¿Dónde va a estar hoy?!
-Teatro Municipal- contestó sonriente,
sus garras cortaron su carne con espantosa facilidad.
- Omanóta…. Esta noche-
aseguró Emilio entre gemidos de dolor.
El hombre retiró sus garras
del interior del empresario y la sangre resbaló en coágulos hasta el suelo, el
perro negro se acercó al empresario, quién cayó de rodillas en su propia
inmundicia, y dejó escapar un aullido escalofriante. !Sos un hijo de puta! gritó Emilio como si el perro comprendiera el lenguaje humano. El hombre de voz ronca
continuó su camino sin mirar atrás. Ambos conocían el final de esta historia:
no importaba cuántos favores se debían, uno de los dos estaba destinado a
desaparecer.
*Sos un amargado, mi amigo.
**Morirá
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