Payé
(séptima parte)
- Que desgracia…. O lo
contrario, te hice un favor- sonrió Emilio y lanzó el cigarrillo al suelo- nada
más de preguntas, tenemos cosas que hacer.
- Todavía no contesté.
- No te pregunté nada. Tu vida
de mierda es mía, te contentás con la plata o lloriqueás hasta que me canse y
te mate. Así son las cosas, mi hijo- sentenció y abrió la puerta hacia la
tienda de yuyos.
- El personal está listo
para llevar al sospechoso a la comisaría, patrón- informó el policía, en sus
manos sostenía un par de esposas de metal.
- No hace falta, este mita’i
era uno de mis empleados pero ya arreglamos la situación, va a tener su trabajo
otra vez. Uno hace macana cuando está enojado, el pobre es un muchacho
humilde…. A Emergencias sí hay que llevarle- explicó el viejo del lapacho bajo
la atenta mirada de Ña Ñeca.
- ¿No va a denunciar,
patrón?
- No me gusta perder el
tiempo. Vamos con los policías, mi hijo, hay que hacer ver esa herida. Gracias,
Ña Ñeca, rojujeyta.
- Vayan con Dios- se
despidió la mujer santiguándose.
“….
Los movimientos de izquierda amenazan con una manifestación esta noche frente
al Teatro Municipal Ignacio A. Pane durante la presentación de los eventos por
la semana de la Independencia Nacional a realizarse a partir del 10 de mayo de
este año. Esta presentación reunirá a importantes empresarios, miembros del
congreso y el presidente de la República….
Martín se concentró en la
radio de una mujer sin piernas que esperaba a la enfermera para limpiar el
muñón. Un doctor joven atravesó su piel con una aguja, limpió la herida como si
se tratara de un pedazo de carne listo para el asado y con una pinza removió la
bala. Las camillas y sillas de ruedas entraban y salían del salón dónde varios
pacientes se acumulaban en una danza con la muerte.
- Vamos a enterrar a tu
papá- anunció Emilio repentinamente.
- ¿Para qué?- preguntó sin
alejar la atención de la radio.
- ¿Vas a dejar que se pudra
en la morgue?
- Se puede podrir en
cualquier lado.
- No quiero que la policía
piense que vos le mataste, esos tekoreí de la televisión se van a meter si ven
algo raro.
- Bueno… che kuerái la gente
tekoreí.
- Te voy a recetar algo para
el dolor- dijo el doctor cuando terminó de vendar la herida.
Un hombre vestido de harapos
con una petaca de caña en la mano los vigilaba bajo la sombra de un árbol de
mango. Martín se sentó en un banco colocado en la entrada del hospital, la
siesta se terminaba y su vida se volvió un caos. El empresario lo acompañó
después de conversar con los policías, quemó otro cigarrillo y sacó una bala
del bolsillo de su pantalón. El objeto era puntiagudo y brilló en plata bajo
los rayos del sol, el dolor en el brazo del muchacho se agudizó por unos
segundos.
- Bendecida en la Basílica
de Caacupé por el Obispo. Un solo tiro al corazón y se terminó la historia para
ese infeliz- rió Emilio ante la indiferente mirada de Martín.
- ¿Funciona para vos?-
preguntó y la sonrisa del empresario se borró.
- No somos iguales. Él se
alimenta de muertos, yo doy vida y prosperidad. Dios me tiene en consideración.
- Rejuka gente…
- Perdón por salvarte, nde
malagradecido. Por lo visto no soy yo el que necesita la bendición del Señor.
En el teatro te voy a mostrar cómo la mano de Dios limpia los males de este
mundo- afirmó y notó la presencia del borracho bajo el mango, tragó saliva, rápidamente guardó la bala.
- Si vos decís.
…..”Aña
memby” , así lo llamó la yuyera. Podía enredarse en miles de
rosarios y jurar hacer el trabajo de Dios pero cualquier cristiano reconoce las
mentiras. Sus habilidades sobrenaturales no eran divinas y sus intenciones
tampoco. Sin embargo Dios lo puso en su camino por una razón, la cual esperaba
averiguarlo esa noche en el Teatro Municipal.
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