Asunción de Noche
(segunda parte)
“Estás loco…. Miss Elizabeth
coserá tu boca y te quitará los ojos si no obedeces.” afirmó tranquilamente la
bella mujer revisando el menú del café.
“Miss Elizabeth no paga mis
deudas, tengo que trabajar, me darán el permiso por hoy desde las diez…. No
será antes a menos que me despidan.” insistió Giovanni con una sonrisa nerviosa
y pretendiendo tomar la orden de la mujer.
“Glorificas algo material como
el dinero sobre tu vida… moka con crema” dijo la pelirroja y cerró las páginas
del menú violentamente.
“¿Sabes por qué vengo todas
las noches a servir cappuccino a este…. a este café? Inquirió tomando a la
mujer del brazo. “Porque venir aquí me hace sentir normal, me hace sentir que todavía soy parte de esta sociedad…. Que
existe algo además de los caprichos de Miss Elizabeth.”
“¿Esa muchacha hablando sola
con Alicia en el País de las Maravillas
en el regazo te hace sentir normal?” preguntó Rebecca mirando de reojo a la
rubia de cabello enmarañado sentada en una mesa junto al ventanal, parecía
encontrarse en un estado catatónico y cuando reaccionaba se dirigía a alguna
entidad invisible.
La muchacha del ventanal se
llamaba Emilia, cada noche se sentaba en la misma mesa y ordenaba un café
expreso, y siempre leía Alicia en el País
de las Maravillas, lo llevaba leyendo por meses, tal vez años. Al principio
la vio como una simple ermitaña amante de los libros como muchos clientes del
café, pero su opinión cambió cuando la escuchó discutir con el silencio tres
meses atrás.
“No existe nada además de
Miss Elizabeth para ti.” sentenció la pelirroja entregándole el menú del café.
Un escalofrío subió por su
nuca y se sintió vulnerable, respiró profundamente y se concentró en preparar
la cuenta de Emilia. Aunque le dolía, la perra de Rebecca tenía razón, Miss
Elizabeth era su principio y fin, ella lo convirtió en una sombra del ser
humano que alguna vez fue, tiempo atrás cuando la luz del sol alumbraba sus días.
Intentó sonreír a su perturbada cliente pero un fuerte olor a tabaco lo
desconcentró y ni siquiera se despidió de ella.
Rebecca se marchó unos
minutos después clavando más palabras duras y verdades dolorosas en sus oídos.
La atractiva pelirroja tenía ese talento de hacerle pisar tierra cuando volaba
alto, y la odiaba. El café se mantuvo tranquilo esa noche, atendió distraídamente
a unos cinco clientes y el reloj marcó las diez de la noche.
Salió a la calle
elegantemente trajeado y subió a un taxi, Miss Elizabeth detestaba esperar y
desobedecer una orden suya era un sacrilegio. El chofer comentó acerca de las
últimas noticias de la noche, “El Presidente también está en el Teatro
Municipal, recién salió en la tele…. Alfombra roja y todo prepararon para ese
badulaque.” Giovanni simplemente lo miró por el retrovisor y le indicó dónde
quería bajarse, la política paraguaya nunca fue un tema de su interés.
Pagó al taxista y se bajó enfrente del Teatro
Municipal de Asunción, cruzó el hall de entrada y subió las escaleras hasta el
segundo piso dónde tropezó con un hombre trajeado, quién sin mediar palabra, lo
empujó al piso cuando los cristales del teatro estallaron.
“¡Sos un pelotudo para venir
a esta hora! ¡afuera…. dale!” le gritó y lo levantó sin esperar explicaciones.
“Miss Elizabeth…. Van a
matarnos a todos, ella no piensa….” dijo Giovanni asustado pero sólo recibió una
bofetada a cambio.
“¡Sos un inútil!....
¡cobarde! ¡vamos antes que llegue la policía y no quiero escuchar una palabra
más!” declaró y sacó una petaca del bolsillo de su saco, bebió unos tragos mientras
bajaban las escaleras con destino a la calle.
Emilia se levantó del suelo
adolorida y confundida pero un golpe la devolvió al piso, unos zapatos de taco
alto se detuvieron frente a ella y alzó la vista para descubrir a la mujer del
vestido azul apuntando al hombre trajeado con un arma. El mesero del café y
otro hombre trajeado salieron del teatro y sorprendidos, observaron la escena.
“Mi padre estaba en ese
teatro… ¿sabías que mi padre iba a estar adentro?” preguntó la mujer y unas
lágrimas empezaron a caer de sus ojos azules.
“Mi amor…. Victoria…. Yo… te
juro que no sabía, jamás…. Escucháme, jamás te lastimaría.” Respondió el hombre
repentinamente calmado, pero sus labios continuaban manchados de un líquido
oscuro que goteaba sobre una aterrorizada Emilia.
“Respondé mi pregunta….
¡¿sabías que mi papá iba a estar en el teatro?!” insistió Victoria sacudiendo
el arma en sus temblorosas manos, un crucifijo de plata colgaba sobre su
recatado escote y a pesar de las circunstancias, se veía hermosa.
“Yo…. Te amo, Victoria…
Nunca te haría sufrir, sos lo único que vale la pena en esta vida de porquería...
yo no sabía, Victoria” afirmó sorprendido y asustado por la determinación de
Victoria de amenazarlo con un revólver.
El sonido de un disparo
retumbó en la abandonada calle céntrica, la camisa del hombre se manchó de
sangre roja y viva ante su desconcierto, porque su amada Victoria continuaba
apuntándolo sin tirar del gatillo. Mareado cayó sobre la víctima de sus golpes y
ella, sin pensarlo dos veces, lo sostuvo en sus brazos, producto de un reflejo
más que un deseo de ayudar.
“¡Esteban!…. ¡Esteban!….
Dios mío, habláme Esteban.” suplicó Victoria acariciando su rostro, olvidándose
completamente de la existencia de Emilia, del revólver y la rabia, él sólo balbuceaba
incoherencias en su pelea con la muerte.
“¡Mierda! Lo que faltaba….
Hacé algo útil y sacá a esa mujer de acá…..”ordenó el hombre de la petaca al mesero
inmediatamente después del disparo.
“Rebecca todavía está
adentro, ella dijo….. “ interrumpió Giovanni y un bocinazo enterró sus quejas.
“¡Me importa un carajo
Rebecca! ¡Vos hacé lo que te digo!.” gritó el hombre enfadado y ayudó a
Victoria a levantar a Esteban, se dirigieron a la camioneta plateada que
continuaba lanzando bocinazos ensordecedores. “Para las heridas…. Y te sugiero
tomar el resto” dijo tirando la petaca de caña a Emilia quién
continuaba sentada en el suelo tratando de entender cuanto ocurría.
La camioneta se marchó y los
bocinazos fueron reemplazados por sirenas, la policía o los bomberos o ambos estaban
en camino y el último deseo de Giovanni era ser parte de una investigación
criminal.
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