domingo, 23 de marzo de 2014

Capítulo 2



Asunción de Noche
(segunda parte)
“Estás loco…. Miss Elizabeth coserá tu boca y te quitará los ojos si no obedeces.” afirmó tranquilamente la bella mujer revisando el menú del café.
“Miss Elizabeth no paga mis deudas, tengo que trabajar, me darán el permiso por hoy desde las diez…. No será antes a menos que me despidan.” insistió Giovanni con una sonrisa nerviosa y pretendiendo tomar la orden de la mujer. 
“Glorificas algo material como el dinero sobre tu vida… moka con crema” dijo la pelirroja y cerró las páginas del menú violentamente.
“¿Sabes por qué vengo todas las noches a servir cappuccino a este…. a este café? Inquirió tomando a la mujer del brazo. “Porque venir aquí me hace sentir normal, me hace sentir que todavía soy parte de esta sociedad…. Que existe algo además de los caprichos de Miss Elizabeth.”
“¿Esa muchacha hablando sola con Alicia en el País de las Maravillas en el regazo te hace sentir normal?” preguntó Rebecca mirando de reojo a la rubia de cabello enmarañado sentada en una mesa junto al ventanal, parecía encontrarse en un estado catatónico y cuando reaccionaba se dirigía a alguna entidad invisible.
La muchacha del ventanal se llamaba Emilia, cada noche se sentaba en la misma mesa y ordenaba un café expreso, y siempre leía Alicia en el País de las Maravillas, lo llevaba leyendo por meses, tal vez años. Al principio la vio como una simple ermitaña amante de los libros como muchos clientes del café, pero su opinión cambió cuando la escuchó discutir con el silencio tres meses atrás.    
“No existe nada además de Miss Elizabeth para ti.” sentenció la pelirroja entregándole el menú del café.
Un escalofrío subió por su nuca y se sintió vulnerable, respiró profundamente y se concentró en preparar la cuenta de Emilia. Aunque le dolía, la perra de Rebecca tenía razón, Miss Elizabeth era su principio y fin, ella lo convirtió en una sombra del ser humano que alguna vez fue, tiempo atrás cuando la luz del sol alumbraba sus días. Intentó sonreír a su perturbada cliente pero un fuerte olor a tabaco lo desconcentró y ni siquiera se despidió de ella.
Rebecca se marchó unos minutos después clavando más palabras duras y verdades dolorosas en sus oídos. La atractiva pelirroja tenía ese talento de hacerle pisar tierra cuando volaba alto, y la odiaba. El café se mantuvo tranquilo esa noche, atendió distraídamente a unos cinco clientes y el reloj marcó las diez de la noche.
Salió a la calle elegantemente trajeado y subió a un taxi, Miss Elizabeth detestaba esperar y desobedecer una orden suya era un sacrilegio. El chofer comentó acerca de las últimas noticias de la noche, “El Presidente también está en el Teatro Municipal, recién salió en la tele…. Alfombra roja y todo prepararon para ese badulaque.” Giovanni simplemente lo miró por el retrovisor y le indicó dónde quería bajarse, la política paraguaya nunca fue un tema de su interés.     
 Pagó al taxista y se bajó enfrente del Teatro Municipal de Asunción, cruzó el hall de entrada y subió las escaleras hasta el segundo piso dónde tropezó con un hombre trajeado, quién sin mediar palabra, lo empujó al piso cuando los cristales del teatro estallaron.
“¡Sos un pelotudo para venir a esta hora! ¡afuera…. dale!” le gritó y lo levantó sin esperar explicaciones.
“Miss Elizabeth…. Van a matarnos a todos, ella no piensa….” dijo Giovanni asustado pero sólo recibió una bofetada a cambio.
“¡Sos un inútil!.... ¡cobarde! ¡vamos antes que llegue la policía y no quiero escuchar una palabra más!” declaró y sacó una petaca del bolsillo de su saco, bebió unos tragos mientras bajaban las escaleras con destino a la calle.     
Emilia se levantó del suelo adolorida y confundida pero un golpe la devolvió al piso, unos zapatos de taco alto se detuvieron frente a ella y alzó la vista para descubrir a la mujer del vestido azul apuntando al hombre trajeado con un arma. El mesero del café y otro hombre trajeado salieron del teatro y sorprendidos, observaron la escena.
“Mi padre estaba en ese teatro… ¿sabías que mi padre iba a estar adentro?” preguntó la mujer y unas lágrimas empezaron a caer de sus ojos azules.
“Mi amor…. Victoria…. Yo… te juro que no sabía, jamás…. Escucháme, jamás te lastimaría.” Respondió el hombre repentinamente calmado, pero sus labios continuaban manchados de un líquido oscuro que goteaba sobre una aterrorizada Emilia.
“Respondé mi pregunta…. ¡¿sabías que mi papá iba a estar en el teatro?!” insistió Victoria sacudiendo el arma en sus temblorosas manos, un crucifijo de plata colgaba sobre su recatado escote y a pesar de las circunstancias, se veía hermosa.  
“Yo…. Te amo, Victoria… Nunca te haría sufrir, sos lo único que vale la pena en esta vida de porquería... yo no sabía, Victoria” afirmó sorprendido y asustado por la determinación de Victoria de amenazarlo con un revólver.
El sonido de un disparo retumbó en la abandonada calle céntrica, la camisa del hombre se manchó de sangre roja y viva ante su desconcierto, porque su amada Victoria continuaba apuntándolo sin tirar del gatillo. Mareado cayó sobre la víctima de sus golpes y ella, sin pensarlo dos veces, lo sostuvo en sus brazos, producto de un reflejo más que un deseo de ayudar.
“¡Esteban!…. ¡Esteban!…. Dios mío, habláme Esteban.” suplicó Victoria acariciando su rostro, olvidándose completamente de la existencia de Emilia, del revólver y la rabia, él sólo balbuceaba incoherencias en su pelea con la muerte.  
“¡Mierda! Lo que faltaba…. Hacé algo útil y sacá a esa mujer de acá…..”ordenó el hombre de la petaca al mesero inmediatamente después del disparo. 
“Rebecca todavía está adentro, ella dijo….. “ interrumpió Giovanni y un bocinazo enterró sus quejas.
“¡Me importa un carajo Rebecca! ¡Vos hacé lo que te digo!.” gritó el hombre enfadado y ayudó a Victoria a levantar a Esteban, se dirigieron a la camioneta plateada que continuaba lanzando bocinazos ensordecedores. “Para las heridas…. Y te sugiero tomar el resto” dijo tirando la petaca de caña a Emilia quién continuaba sentada en el suelo tratando de entender cuanto ocurría.
La camioneta se marchó y los bocinazos fueron reemplazados por sirenas, la policía o los bomberos o ambos estaban en camino y el último deseo de Giovanni era ser parte de una investigación criminal.           

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