lunes, 17 de marzo de 2014

Capítulo 1


Asunción de Noche

(primera parte)


“No puedo ayudarte, Emilia… necesito que quieras ayudarte vos misma primero y después me toca pero antes no… no puedo” afirmó el hombre de largos cabellos negros y traje oscuro, jugaba con un cigarro entre sus dedos y vigilaba atentamente a la muchacha de mirada ausente sentada enfrente de él.

Emilia sólo escuchaba y bebía su café a pequeños sorbos, de vez en cuando hojeaba las páginas de una novela, luego quedaba ensimismada con la vista perdida en la ventana del café dónde acostumbraba sentarse hasta la noche, abrazando a la soledad. A veces lloraba en silencio mirando las personas pasear por la calle, nadie entendía la dimensión de la lucha constante en su mente contra sus terribles ideas.

“Es una cuestión de actitud, la vida es sólo un minuto, una sucesión de impresiones y acciones. Mi punto es si querés, podés cambiar, podés hacer cualquier cosa.” Sonrió el hombre y encendió el cigarro con un fósforo. “Sos joven, Emilia… ¿cuántos años tenés? ¿Veintitrés? ¿veinticuatro? Todavía estás a tiempo de cambiar tu perspectiva hacia la vida y no necesitás ese bulto de pastillas para eso…”

“Si quiero cambiar tendría que empezar por dejar de escucharte.” dijo Emilia sin retirar la mirada del ventanal.

“Y acá empezamos otra vez, sí, yo soy el demonio que está trastornando tu perfecta vida. ¡Quiero ayudarte Emilia! ¡Quiero que cambies esa cara de culo que siempre tenés y sonrías un poco más! ¡Pero no! Vos siempre me culpás por tu vida de mierda… no fui yo el que dejó la facultad hace un año… ¡sos vos y vos y vos!” exclamó enojado y golpeó la mesa con el puño.

“Ya no quiero hablar contigo.” Afirmó la muchacha en un hilo de voz, secó unas lágrimas con sus dedos y tomó el ejemplar de Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas que estaba leyendo, lo guardó en su bolso y pidió la cuenta a un mesero del café, el mismo muchacho de sonrisa falsa, ojos verdes y leve acento italiano que acostumbraba atenderla.

“Rubia… escucháme rubia, no le llames, no hace falta… él te quiere drogar y quiere que te pasees como un zombie por todas partes, para eso le pagan pero vos podés vivir sin él… los dos podemos vivir sin él.” Aseguró más calmado pero el cigarro temblaba en su mano.

 “Gracias, buenas noches.” Se despidió del mesero y salió del café ignorando las palabras del hombre del cigarro. Caminó por la vereda sin un destino fijo, estaba cansada de aquel hombre y sus intentos de salvarla. La redención no era gratis, pagaría un precio alto por ello pero aún no llegaba su tiempo de rendir cuentas, aún no llegaba su tiempo de despertar de aquel mal sueño.  

Las calles céntricas de Asunción se convirtieron en un refugio para Emilia, caminaba hasta gastar completamente sus zapatillas, caminaba hasta olvidar de dónde venía y hacia dónde iba. Caminaba porque de esa manera la soledad golpeaba menos, siempre encontraba una persona dirigiéndole la palabra en una plaza, una señora quejándose del clima o algún extranjero buscando el camino a la costanera. Rostros, voces, aromas perdiéndose en la multitud y por un minuto la rescataban del tedioso ajetreo de su vida.  

Esa noche Emilia se detuvo frente a la Estación del Ferrocarril, apoyó su cansado cuerpo por los barrotes de la plaza, sin embargo el olor nauseabundo de los recientes huéspedes de la estación la obligó a continuar su camino. Arrastraba los pies por el suelo, un par de lágrimas buscaron escapar de sus ojos otra vez pero las contuvo con un suspiro, “éste es su objetivo, Emilia, quiere hacerte sentir como una inútil” pensó mientras cruzaba la calle en dirección al Teatro Municipal cuando repentinamente todos los cristales del edificio se rompieron en un estallido sordo.

Intentó cubrirse con las manos pero los fragmentos de vidrio se incrustaron en varias partes de su cuerpo, se arrodilló aturdida y notó que una joven de vestido azul corto le gritaba a un hombre trajeado frente al teatro pero calló al fijar su mirada en ella, el hombre trajeado volteó y se dirigió a Emilia furioso.

“¡Mentiroso! ¡el hijo de perra me mintió!” gritó y una sonora bofetada estalló en el rostro de la muchacha. “Él me dijo que nadie iba a salir de ese teatro, él me dijo que todo iba a terminar!” exclamaba mientras la arremetía a golpes. 

Nota de Autor: Olvidé avisar que tiene contenido fuerte y malas palabras y cosas así.... y la encuesta estará al costado del blog porque no soy tan pila con la tecnología. 

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